Meditación del Padre Gustavo
11 de Enero de 2026
La segunda lectura del libro de Hechos describe exactamente lo que Jesús logró con el bautismo en su vida terrenal ―después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él‖. Es importante reconocer a Jesús, el hijo De Dios, como lo reconoció Juan el Bautista. Por el sacramento del bautismo somos ungidos y enviados a una misión. Este domingo celebramos el bautismo del Señor con el que cerramos oficialmente el tiempo de Navidad y comienza el tiempo ordinario.
Jesús vino con una misión clara y un propósito que tenía que cumplir para ejercer su ministerio en la tierra. Cuando fue bautizado solo tenía 30 años de edad y en ese momento no había cumplido nada en la vida solo tenía como referente haber vivido en casa de sus padres y sin grandes logros obtenidos. Era un completo desconocido hasta cuando llega al Jordán donde su primo Juan lo bautiza. Jesús el hijo amado establece el bautismo por el Espíritu Santo que desciende en forma de paloma y marca así la voluntad del Padre para establecer un reino de justicia, paz y misericordia basada en el perdón. Este episodio puede servir para renovar nuestro bautismo, para limpiar nuestra vida de todo pecado en la que Cristo asume nuestra naturaleza humana y nos redime de toda culpa. Es tiempo de sanar las heridas del pasado y al romperse cada uno de nuestros recuerdos, es olvidar aquellas experiencias traumáticas que te separaron de Dios o de alguien especial en la vida al sentirte traicionado o abandonado. Roto o quebrantado significa estar alejado de Dios por pecado o desobediencia. Muchos parecen estar fuerte por fuera, pero por dentro son un caos. Vamos a dejarnos llevar por el Espíritu Santo para que pueda transformar nuestro interior y nuestro propio mundo externo. Vamos a invocar al Espíritu Santo para que venga y renueve nuestras vidas. Jesús reactiva nuestros sacramentos y nos reúne en la Eucaristía para que llegue ese Espíritu Santo y lograr la unidad y que pueda custodiar nuestra Iglesia.
En el Evangelio de San Mateo ―una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: ―Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias‖. En la primera lectura una frase similar y profética ―miren a mi siervo en quien me complazco‖ y esto se cumple en este encuentro entre Juan y Jesús para dar comienzo a la vida pública de Jesús quien tendrá una misión: salvar a los que están perdido. Muchas veces el hombre y la mujer han perdido su rumbo, pero Dios nos lleva tomado de la mano, aunque ya te soltaste de su regazo de padre bueno y misericordioso que limpia y sana tus heridas. Jesús se dejó guiar por el Espíritu Santo y de tal forma asume su misión con obras y palabras. El padre nos acoge como sus hijos, el espíritu nos guía y lleva a caminos de sabiduría y libertad. El sacramento del Bautismo es llamado también ―baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo‖ (Tt 3,5), porque significa y realiza ese nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual "nadie puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3,5). Con el bautismo quedamos consagrados como hijos de Dios.