20 de Septiembre de 2026
Del Escritorio del Padre Arboleda
En el evangelio de hoy, escuchamos la parábola del dueño de una viña que sale a buscar trabajadores para su viña en diversos momentos del día. Al final de la parábola, el dueño responde a uno de los trabajadores que murmuraba contra él, “¿Es que tienes envidia porque yo soy generoso?”
El dueño de la viña en esta parábola representa a Dios, quien es muy generoso con nosotros. Dios es generoso con nosotros de tres maneras. Primero, porque da abundantemente. La generosidad quiere decir dar con amplitud, no con reservas. Dios es así con nosotros: no da con reservas, no da de modo limitado, sino que regala sus bienes ampliamente.
En segundo lugar, Dios es generoso porque nos da bienes espirituales, que son mejores que los materiales. Los bienes espirituales son, por ejemplo, la gracia, la fe, la caridad, la paz. Estos bienes son más valiosos que los materiales porque sus frutos duran para siempre, mientras que todo lo material se acaba.
Finalmente, Dios es generoso porque nos da aún cuando no merecemos recibir. Dar a alguien lo que esa persona merece no es generosidad, sino justicia. Dios, por el contrario, no da sus bienes aún cuando no los merecemos, y en esto se ve su gran generosidad.
Alabemos a Dios por su generosidad para con nosotros, e imitemos esta generosidad en nuestro trato con los demás.